divendres, 23 de juny del 2023

Madre - Isabel del Río

Hoy comentaremos con Isabel del Río su última novela, MADRE, una historia sorprendente que hibrida varios géneros y que supone un reto para el lector. En castellano la ha publicado Ediciones el transbordador.


Hola Isabel. Muchas gracias por responder a esta entrevista. Debo reconocer que cuando salió Madre al mercado y la leí en catalán creía que era tu primera novela publicada. Después he visto que ya hace mucho tiempo que escribes y que tienes una obra dilatada. ¿Cuál de tus otras novelas recomendarías a un lector que esté interesado en tu obra después de leer MADRE?

Muchas gracias por invitarme. MADRE mezcla diferentes géneros, por lo que, después de leerla —y de haberla digerido— quizás recomendaría los relatos de En la casa de Ícelo (InLimbo Ediciones). Allí el lector encontrará oscuridad, angustia y algunos de los temas que toca MADRE, y unos cuantos más, desde otras perspectivas.

Si el tema de los mundos paralelos y dimensiones múltiples le interesa, también puede entrar en La casa del torreón —fantasía urbana / terror—, en Rojo sobre Negro —fantasía urbana y oscura— y en El Señor del Viento —fantasy—. Comento  los tres porque, pese a ser personajes, aventuras y viajes diferentes, todos ellos son mundos que comparten universo, como puede verse en una de las escenas de Rojo sobre Negro.

Por lo que he visto tocas el terror, la fantasía y la ciencia ficción. ¿Existe algún género en el que te sientas más cómoda o que predomine en tu obra?

El terror es parte de mí, al igual que la poesía que, de hecho, fue lo primero que escribí; relatos cortos de terror y poemas.

Como lectora y escritora no diferencio demasiado los géneros, tanto me intereso por el espacio profundo como por las casas encantadas o paso a leer un ensayo sobre mitología o astronomía. Pienso que la imaginación y la curiosidad son las dos herramientas que han llevado al ser humano a estar dónde está —para bien y para mal—, y me gusta seguir mis instintos.

Centrémonos en MARE/MADRE, tu última novela, publicada en catalán por Spècula, una editorial de aparición muy reciente, pero con un proyecto ambicioso, y en castellano por Ediciones el Transbordador. ¿Nos puedes explicar cómo se originó el proyecto y cuál de las dos obras es la original o la traducción?

No es exactamente una traducción. Cuando yo empecé a escribir MADRE/MARE lo hice en tres libretas (de hecho también en papeles sueltos: servilletas, albaranes de entrega, tickets...).

Soy bilingüe e incapaz de hablar sin cambiar de uno a otro, y el idioma de mis relatos, poemas o novelas los decide el personaje que habla. Es decir, en MADRE/MARE cada personaje hablaba su idioma: Penélope en castellano, Claus en catalán... Cuando lo pasé todo por primera vez a una única libreta, intenté unificarlo pero, de vez en cuando, seguían apareciendo escenas nuevas y el idioma lo dictaba el personaje que lo vivía. Después lo pasé a ordenador y abrí dos documentos a la vez: uno en catalán y otro en castellano. De esta manera, escribí al mismo tiempo ambas versiones. Cuando uno hablaba en catalán, lo traducía de inmediato al castellano, y a la inversa. Cuando Spècula compró los derechos e hizo los primeros apuntes y sugerencias, los fragmentos que escribí a posteriori sí fueron primero en catalán y traducidos al castellano. Diría que los primeros lectores lo recibieron en castellano, porque soy muy puntillosa y perfeccionista y tiendo a hacer unas castellanadas brutales en mis textos en catalán, así que los reviso mucho para evitar vocabulario o frases hechas que no concuerden.

Me ha gustado la novela, aunque me ha dejado un poco descolocado y dando vueltas a algunos aspectos de la trama. Tengo dudas de cómo clasificarla. Hay una parte importante de ciencia ficción, tanto space-opera como distopía, pero el terror, tanto el psicológico como el cósmico, también está muy presente. ¿Quisiste fusionar varios géneros a la hora de escribir?

Como comentaba antes, me dejo guiar por los instintos. MADRE ha sido un parto duro, de cinco años de trabajo, para que la novela llegue al público. Al inicio, como ya he comentado, eran tres libretas, donde las realidades y terrores de Penélope confluyeron. Cuando inicié el proyecto no sabía si quería hacer ciencia ficción o terror o exactamente si había una etiqueta que pudiera describirlo. Lo que deseaba era mostrar unos sentimientos, no sólo míos o femeninos, de madres, sino una energía eléctrica que se sentía, un zumbido de la gente que se quejaba en silencio, de los niños olvidados, de todo el horror que hay a nuestro alrededor cada día y nos hacemos los ciegos y los sordos, mirando pantallas y dejando que nos controlen como en Un mundo feliz, de Aldous Huxley.

En ese momento leía mucho ensayo, antropología y física cuántica especialmente, y la diosa del neolítico y el paleolítico, así como las leyes físicas de la realidad cuántica me tenían fascinada.

Una de las cosas que quise hacer sentir fue angustia y claustrofobia. En la segunda parte quería que el lector sintiera lo mismo que la protagonista, y eso fue muy complejo, porque al inicio era demasiado confuso. Aunque buscaba esta emoción, la confusión, el no saber dónde/cuándo/qué somos, era necesario que el lector no se desligara de la historia y, al llegar a la tercera parte, todo tuviera sentido.

Se tocan muchos temas, algunos se ven enseguida, otros están escondidos y hay que leer entre líneas...

En resumen, existe un poco de todo, esperando al límite del espíritu crítico de cada lector para llegar a serlo.

Madre está formada por varias tramas que creo que tienen suficiente peso para ser historias independientes. ¿Tenías los esbozos de las historias y encontraste la manera de unirlas, o ya desde un principio querías hacer una novela hibridando varias tramas?

Todo nació de una, en la misma época, desordenada, pero en tres libretas distintas. Tiento a vomitarlo todo, tengo temporadas de leer mucho y otras intensas que no puedo dejar de escribir. Hasta que no termina esta fase, no puedo pararme y ver qué ha quedado entre los restos del tsunami.

En este caso lo vi claro —porque en mi cabeza hay muchos detalles velados, para dejar espacio a las suposiciones y juicios del lector—, había escrito una historia en tres partes desordenadas y había que trabajar para hilarlo todo.


Tengo la sensación de que encajar todas las piezas requirió mucha planificación. ¿Ha sido una historia difícil de escribir?

De escribir no, pero de dar la forma adecuada para llegar a los lectores sí. De hecho, los editores de Spècula me ayudaron mucho comentándome en qué puntos les hubiera gustado tener más información. Por ejemplo, de los sastres y seres comunes se sabía muy poco en el primer manuscrito.

La primera parte de la historia es la que podríamos clasificar como una ciencia ficción más clásica, y el escenario que has diseñado me ha parecido muy interesante. Me pareció muy arriesgado el cambio tan brusco que se produce en el primer tercio del libro y dejar de lado un escenario que podía dar tanto juego. Creo que algunos lectores pueden sentirse descolocados. ¿Eres consciente de ello?

Es lo que pedía la historia para poder evolucionar, sin esa ruptura no existiría el juego posterior ni los mundos y temas que se exploran.

Me encanta la ciencia ficción y me encanta el cine del género, pero sentía que no podía quedarme en este punto confortable y debía incomodar a los personajes y al lector para que todo estallara.

Es una novela que a momentos genera confusión y hay que releer algunas páginas para acabar de cerrar el círculo, no puedes despistarte. Tengo ganas de hablar en persona con otros compañeros que le han leído para compartir la experiencia e interpretaciones. ¿Es un efecto premeditado o te han sorprendido los comentarios que hacen referencia a este aspecto?

Ambas cosas. Siempre he pensado que, cualquier obra de arte, sea un cuadro, una canción, un libro..., no termina cuando el autor pone el punto final, sino que se cierra una y otra vez con cada mente que la capta, con cada lector. No me gusta darlo todo por sentado y dejo parte al bagaje de cada uno para que encuentre sus propias conclusiones, que cree sus propias imágenes.

Y me encanta que me sorprendan, cuando hablan de referentes que quizás ni he leído, o ven cosas que sólo insinuaba o que, incluso, yo no habría llegado a ver sin la mirada de ese lector en concreto.

También coincido con otros compañeros que en algunos momentos la historia es angustiosa y claustrofóbica y lo hace pasar mal al lector. Interpreto que también es un efecto buscado.

Sí, como comentaba antes, estas sensaciones son parte de lo que buscaba.

En el libro haces mención directa a algunas obras de ciencia ficción, pero hay otras que me da la sensación de que también son referenciadas de forma implícita. ¿Nos podrías decir si hay algunas obras que crees que hayan influido en la novela? ¿Y en tu obra en general?

Mis referentes sorprenden porque quizás no son los que se esperan en este caso, pero a Mary Shelley, por ejemplo, le dedico un capítulo. Estudié filosofía y Mitología y literatura, y todas estas lecturas y referencias están ahí, como las obras de teatro que leía y releía de niña, apasionada por Shakespeare, los relatos de Borges, los poemas de Pizarnik... Descubrir a Octavia E. Butler con Alba, publicada por Mai Més, me hizo ver la ciencia ficción de otra manera, y Úrsula K. Le Guin es tan culpable como Shirley Jackson.

¿Algún nuevo proyecto que nos puedas comentar?

Si todo va bien, en breve ha de ver la luz la segunda parte de Rojo sobre Negro, que continúa con la historia de los personajes de la primera novela, y las consecuencias de sus decisiones.

Muchas gracias por tus respuestas, Isabel. Mucha suerte con tus nuevos proyectos.

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