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divendres, 5 de juny del 2020

Pequeños dioses y otros cuentos blancos - Tim Pratt

Des de que tuve noticia que iban a publicar esta colección de relatos de Tim Pratt que le tenía muchas ganas, era uno de esos libros a los que ya le había reservado un sitio concreto en mis estanterías. Las expectativas tan altas son peligrosas, pero como el producto no las ha defraudado para nada, hoy toca una entrada con más elogios de lo habitual. Tiene cierta trampa, porque ya había leído la mayoría del contenido de esta recopilación, ya sea en la web Cuentos para Algernon, en la antología de Mariano Villarreal Ciudad Nómada, o en la antología Hic Sunt Dracones, de la añorada editorial Fata Libelli. Ya sabía qué me iba a encontrar, exceptuando un par de relatos, pero lo he disfrutado mucho igualmente. Conecto muchísimo con el estilo de Tim Pratt cuando escribe narrativa breve, lo considero un maestro y está en mi Top 10 particular. Otra cosa es cuando escribe novelas de space-opera, las cuales os aconsejo que no las toquéis ni con un palo, pero eso es harina de otro costal. 

Es difícil definir el estilo de Pratt. Es cercano, sin excesivas alharacas, y con poca cosa es capaz de sorprender al lector. Derrocha ideas sorprendentes y creo que no les acaba de sacar todo el jugo, casi que las desperdicia. En estos aspectos me recuerda un poco a Neil Gaiman. Pero no se conforma con sorprender, creo que también pretende emocionar, y para ello tiene los sentimientos de los protagonistas muy presentes en sus relatos, y consigue que el lector empatice con ellos. En este caso, quien me viene a la cabeza como referente es Mike Resnick. Solo con él y con Tim Pratt se me ha escapado alguna lágrima leyendo relatos de fantasía o ciencia ficción. 
Me pregunto qué situaciones difíciles le han debido ocurrir durante su vida, ya que muchos relatos tratan de la pérdida, ya sea de personas amadas, amistades o incluso objetos. Diría que este concepto es el eje principal de la antología, y me atrevo a decir incluso que algunos relatos estén relacionados de alguna manera difusa a través de él.
Para ponerle algún pero, le criticaré la forma abrupta de finalizar las historias. No acaban de quedar bien cerradas; en algunos casos quedan demasiado abiertas a la interpretación del lector y en otras literalmente le dejan colgado. Me quedo con la sensación que no es un defecto del estilo, sino que es un efecto totalmente buscado, pero si se repite varias veces en la misma colección de relatos, destaca mucho más como algo negativo que como virtud. También he detectado un tono diferente en algunas historias, creo que debido a que la traducción no va a cargo de una sola persona. En la antología de Fata Libelli no tuve esa sensación, el tono era más homogéneo. 
Mis favoritos son los relatos Sueños imposibles (me encantaría visitar ese videoclub) y Pequeños Dioses (el que me ha emocionado más de todos). Tienen todo lo que más me gusta de este autor y que he comentado con anterioridad. Hay otros que también me gustan mucho y que se escapan por temática de la mayoría del conjunto. Los podríamos incluir en una fantasía más clásica, con una presencia más importante de la magia, pero con el toque especial del autor. En este paquete incluiría La copa y la mesa, Tres peticiones a la reina del infierno y Siegaespectros
Destacando a estos cinco relatos no quiero decir que el resto no valgan la pena, al contrario. Ninguno desmerece el conjunto, creo que se tiene que valorar la regularidad de la calidad, pero es inevitable tener favoritos.

En fin, que lo he disfrutado mucho y no puedo hacer nada más que recomendarlo. Creo que es un acierto editorial, ni que muchos relatos ya se hayan publicado en castellano. Un libro destinado a los amantes del género, y también un buen libro para regalar a aquellos que consideran que la ciencia ficción y la fantasía son géneros menores. Es fácil que pueda ayudar a cambiar alguna de estas opiniones desfavorables. A los que ya conocíais la obra de Pratt os diré que es un lujo tener en las manos este conjunto de relatos todos juntos. A los que no lo conocéis, si no os he convencido, os aconsejaré que leáis alguno de los relatos de Pratt traducidos por Marcheto en Cuentos para Algernon, y luego ya me contaréis. Apuesto una botella de vidrio azul, un poco de canela, una copa de helado y un DVD de vuestra película favorita a que no os decepcionará.

diumenge, 24 de juny del 2018

La ciudad y la ciudad - China Miéville

Hay escritores con un estilo tan peculiar que los reconoces después de leer unos pocos párrafos. China Miéville no es de este tipo de escritores, es un autor muy versátil, con muchos registros y que tiene la capacidad de embarcarse en historias muy diferentes tanto a nivel de trama (que es relativamente más sencillo) como a nivel de estilo (uno de las cosas que más le admiro).
Como concepto esta diversidad me encanta, pero ha provocado que también mis valoraciones de sus obras sean muy variadas: algunas de sus novelas me han encantado, como Embassytown o Kraken, y otras no me han convencido, como Los últimos dias de Nueva París, o directamente no las he podido terminar, como El consejo de Hierro. La novela que comentaré hoy, La ciudad y la ciudad, en la nueva edición de NOVA con traducción de Silvia Schettin, afortunadamente es de las primeras.

La trama tiene el típico estilo de  una novela negra que se centra en la investigación de un asesinato en el que deben intervenir varias jurisdicciones, pero en un contexto muy original, las ciudades de Beszel y Ul Quoma, íntimamente unidas pero separadas y las verdaderas protagonistas de la novela. En un primer momento la relación entre estas dos ciudades me parecía comparable a la de Berlín de la guerra fría o a la de Jerusalen, pero el mismo China Mieville ridiculiza esta comparación durante la historia (supongo que para ayudar al lector en la ambientación y evitar que mantenga esta percepción). El resumen de la genialidad de la novela es que la barrera entre las ciudades no es tanto física como psicológica. Los habitantes son capaces de detectar a sus vecinos por su estilo de vestir, su idioma y su forma de moverse pero desven y desoyen a la otra ciudad y sus habitantes en los espacios en los que ambas coexisten. La única manera de pasar de una a otra de forma legal es a través de una frontera. Aquellos habitantes o turistas que comenten una infracción de la norma, una brecha, son amenazados por una policía especial que no rinde cuentas a nadie y con la que nadie quiere relación, la Brecha. La fisionomía de las dos ciudades es diferente (aunque yo las relacionaría con alguna ciudad centro europea de pasado imperial, estilo Viena, Praga o Budapest), igual que su  situación  económica y política, pero ambas deben luchar contra un movimiento unionista que quiere desmantelar el sistema actual.

La premisa es interesante, y la lectura muy satisfactoria y sorprendente, aunque el ritmo sea un poco lento en algún momento. Miéville  te suelta en medio de las dos ciudades sin demasiadas guías ni explicaciones y tú debes encajar las piezas, aunque situarse no es muy complicado. 
Los aspectos en los que la novela flojea son en la resolución de la trama policíaca, y el hecho que no profundice más en la historia de las dos ciudades y en los hechos que llevaron a su separación, me he quedado con ganas de saber más.
Otro aspecto que me sorprende es que ganase algunos de los premios internacionales más importantes, como el Hugo o el Locus de fantasía de 2010, no por calidad, si no porque no le acabo de encontrar el punto de género fantástico. La premisa se basa en una decisión colectiva de un grupo importante de seres humanos que se ponen de acuerdo en unas normas y que las respetan. Aunque luego se añada un cierto toque mitológico con la posible existencia de una tercera ciudad entre las dos, o la presencia de la todapoderosa Brecha, no acaba de encajarme como novela de género fantástico. Aunque tampoco sabría en qué género encajarla, la verdad...
En fin, una lectura totalmente recomendable, sorprendente y con algunos aspectos muy originales. En abril de 2018, siguiendo la tónica de adaptar novelas famosas de fantasía y ciencia ficción a la pequeña pantalla, se ha estrenado una miniserie de 4 episodios. Creo que trasladar la magia de la novela al formato visual ha de ser difícil, y las críticas no son demasiado esperanzadoras, pero no descarto echarle un vistazo.

dissabte, 25 de febrer del 2017

Los últimos días de Nueva París - China Miéville

Miéville me tiene desconcertado. Lo que me pasa con su obra me pasa con muy pocos autores. Algunas de sus novelas me han encantado (Embassytown y Kraken, por ejemplo) y otras las he abandonado a la mitad. Esperando que sean de las del primer grupo, estoy siempre pendiente de las historias que escribe, así que cuando me enteré que NOVA publicaba Los últimos días de Nueva París, con traducción de Silvia Schettin, no dudé ni un momento en darle una oportunidad.

Una vez terminada diré que no se ha convertido en mi novela de Miéville favorita, pero no me ha costado acabarla (a lo mejor debido a su brevedad). No he conseguido conectar con la historia, pero tiene momentos muy interesantes y brillantes. Es un claro exponente de la gran imaginación de este autor, pero también de su estilo inconexo y a veces confuso. Algunas veces me funciona, otras no. En este caso tiendo a decantarme por el no.
En esta extraña ucronia situada en 1950, en una segunda guerra mundial que todavía no ha finalizado, las manifs, manifestaciones en el mundo real del arte surrealista, campan a sus anchas por una ciudad de París medio destruida y todavía ocupada por las fuerzas alemanas. Los nazis han conseguido abrir las puertas del infierno, y convocar a algunos demonios, de forma que se entabla una lucha entre estas dos facciones en un París totalmente modificado por el arte surrealista.
Todos los accesos a la ciudad estan cortados, pero hay formas de entrar y salir. Thibaut, un guerrillero surrealista cansado ya de la situación en la que vive se encuentra con Sam, una fotógrafa que ha entrado en la ciudad para documentar su cambio. 
Otro arco argumental, situado en una época anterior, nos narra la historia de como se produjo el suceso que transformó París y permitió al arte surrealista cobrar vida.
El escenario es muy interesante, con fotografías espectaculares de telón de fondo, muy creativo y imaginativo, pero la historia que se desarrolla en él me ha parecido floja. Aprovechando el fin de semana en el que estamos, le daría el Oscar a la mejor fotografía, pero no lo nominaría para el de mejor guión. 

No es necesario conocer las obras surrealistas que aparecen en la historia para disfrutar de la novela, pero a mi me hubiese ayudado a conectar con ella. Lo he comprobado: en la parte final hay un apéndice que ayuda mucho en este aspecto, y que, una vez leído y consultado las obras mencionadas, algunas partes que he vuelto a leer las he disfrutado mucho más, iba menos perdido. 
Es por eso que creo que una parte importante de que la historia no me haya convencido es culpa mía, no me he dejado llevar, no he entrado en el juego que propone. A veces soy demasiado cuadriculado.
En fin, que yo no he acabado de disfrutar de la experiencia, pero viendo muchas de las críticas publicadas estoy en franca minoría, así que si sois seguidores de Miéville seguramente os gustará (eso si, no os recomiendo que esta sea la primera novela suya que leáis). Indiferentes no os dejará, seguro.

Otras opiniones: Sense of wonder, Sagacomic