Intenté leer Mercaderes del espacio hace más de treinta y cinco años, cuando, después de devorar todo lo que había de Asimov en la biblioteca de mi pueblo, y buscando otras obras de ciencia ficción, encontré este libro escrito a cuatro manos por Frederick Pohl y C.M. Kornbluth.
Recuerdo que no conecté nada con él, y solo leí uno o dos capítulos. Más adelante, sí que conecté con la saga de Pórtico de Pohl, que tengo pensado releer durante el verano. Hace poco encontré en una librería de viejo la versión en catalán de la novela publicada en la colección Pòrtic Aventures y decidí darle una oportunidad. Lo empecé con cierto escepticismo, pero me atrapó y lo leí en un par de tardes. Cada libro tiene su momento.
La historia se sitúa en un futuro no excesivamente lejano, en un planeta Tierra muy cambiado pero, aunque con algunas exageraciones, no es descartable que en nuestro futuro se llegue a parecer un poco a lo que proponen los dos autores. Mucha contaminación, superpoblación, restricciones de agua y alimentos, pocos recursos y mal distribuidos y, lo que es más importante en la trama, un consumismo exageradísimo que provoca que las clases sociales estén formadas por los consumidores, pasivos e incultos, y los productores que les proporcionan entretenimiento y productos de mala calidad a los que engancharse.
Las empresas publicitarias son las que marcan el ritmo de la sociedad, promoviendo artículos, generando adicciones y estableciendo las pautas de lo que debe consumirse. Todo es muy exagerado, pero el tono es bastante divertido, y pese al humor, la mala leche que gasta la novela es bastante importante. Mi hija está estudiando publicidad, y dudo si hacerle llegar este libro o no; no querría que su creatividad se viera influida por los pocos escrúpulos de los protagonistas de la novela.
El personaje principal es un alto ejecutivo de la empresa de publicidad más influyente del planeta. Su jefe le encarga la mayor campaña que la firma habrá hecho hasta ahora: organizar la explotación de un planeta al que se enviará una colonia de humanos, Venus. En los primeros capítulos descubriremos cómo viven las clases privilegiadas y cómo se organiza la campaña de promoción del viaje a nuestro planeta gemelo. Pero en breve las empresas rivales, y algún compañero con aspiraciones, le juegan una mala pasada al protagonista, que despertará convertido en un paria, el escalón más bajo de la sociedad.
El cambio de visión es muy interesante, así como la resiliencia y los esfuerzos del protagonista por intentar volver al lugar de donde proviene, utilizando las artes de manipulación que tanto domina. En sus aventuras conocerá a los conservacionistas, un grupo que intenta que la sociedad humana cambie para mejorar la distribución de los recursos y evitar el consumismo exagerado. La relación del personaje principal con este grupo rebelde, con el que no comulga mucho, es bastante curiosa, y da mucho juego a la historia.
Como he comentado con anterioridad la historia tiene un cierto tono humorístico, pero esto no es óbice para que no sea una distopía que está a la altura de otros clásicos del género como 1984, Un mundo feliz, !Hagan sitio! !Hagan sitio! o Farenheit 451. De hecho, mezcla muchos aspectos de estas novelas, con un resultado final bastante original y sorprendente. Me resulta extraño no haber oído hablar tanto de esta novela como de las demás que he mencionado.
En fin, que ha sido un descubrimiento. La recomiendo sin duda. En castellano hay muchas ediciones, algunas bastante recientes, por lo que si estáis interesados, es fácil de encontrar. Hay una continuación, La guerra de los mercaderes, que no descarto que pronto aparezca por aquí. Ya os contaré.



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