Los habituales del blog ya sabéis que en los últimos años me ha dado por algunas ediciones antiguas de novelas de ciencia ficción, especialmente la colección Ultramar de bolsillo, pero últimamente estoy comprando muchos libros de la colección Gran Super Ficción, de Martínez Roca.
Una de las sagas que he adquirido es la trilogía del Budayen, de George Alec Effinger, cuya primera novela, Cuando falla la gravedad, es un claro ejemplo de publicidad engañosa. Para empezar, la portada, que para nada refleja lo que hay en el interior del libro. Solo hace falta que comparéis la versión en castellano y una de las versiones en inglés que también he añadido a la entrada, mucho más realista. Por otro lado, la definen como una novela Ciberpunk, término que debía estar de moda en su momento, pero, aunque hay algunos detalles importantes que se pueden relacionar claramente con este subgénero, tienen poco peso en la trama de la novela para darle tanta importancia. Pero bueno, dejando de lado la portada y estos detalles que seguramente solo me importan a mí (a veces soy un tiquismiquis), solo puedo hacer que recomendaros la lectura de la novela. A ver si os puedo dar argumentos para convenceros.

Uno de los puntos más originales de la trilogía es su ambientación. El escenario es una gran ciudad de la que el autor no nos dirá el nombre, situada en el Oriente y de predominancia cultural musulmana, con el desierto cerca, pero también el mar. La acción se desarrolla en uno de sus bulliciosos suburbios, el Budayen, crisol en el que se mezclan etnias, culturas, turistas desprevenidos y todas las actitudes alejadas de lo que permite la ley.
El protagonista es Marîd Audran, un investigador privado adicto a las drogas que trabaja y malvive en el Budayen, con una reputación sólida que le permite ser independiente de las agrupaciones criminales que controlan los suburbios. Sin quererlo, es testigo de un asesinato y se ve implicado en la investigación, por lo que tendrá que hacer equilibrios entre la policía y los habitantes del Budayen.
Yo definiría esta historia como una novela negra, pero con un toque importante de ciencia ficción. Dejando de lado la especulación geopolítica, que tiene una cierta relevancia en la trama, el principal aspecto de especulación es la tecnología de los modificadores y los amplificadores. Mediante una operación quirúrgica, algunas personas se han instalado un puerto en el que se pueden introducir pequeños artefactos electrónicos que alteran las capacidades del receptor.
Los modificadores permiten cambiar la personalidad del usuario, adquiriendo las habilidades y capacidades del paquete introducido, que incluso puede ser algún personaje famoso, como Marilyn Monroe o James Bond. Los amplificadores, en cambio, solo añaden ciertas características especiales, no cambian la personalidad. Marîd no está interesado en este tipo de modificaciones, pero los intríngulis de la situación en la que se ve envuelto le forzarán a cambiar de opinión. La tecnología en sí es interesante, y creo que podría dar mucho juego, pero mi sensación es que el autor no le acaba de sacar el jugo, como mínimo en esta primera novela. Un aspecto que no me ha convencido, ya que afecta al ritmo de lectura, aunque entiendo que es importante para la ambientación, son los rituales sociales de la cultura árabe y del mundo del hampa. En muchas ocasiones he querido que fueran más al grano y se han hecho tediosas algunas conversaciones clave en la trama.
En fin, una lectura entretenida y recomendable, en una ambientación original y que presenta una tecnología muy prometedora, pero que creo que el autor no acaba de aprovechar. A ver qué tal las continuaciones, ya os contaré.

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