Octavia Butler es una de mis escritoras favoritas, y tenía ganas de ver como se desenvuelve en las distancias cortas, pero debo reconocer que la portada de Hija de sangre y otros relatos, publicada en castellano por la editorial Consonni, con traducción de Arrate Hidalgo, me ha desanimado más que animado a probar la lectura hasta hace poco.

De Butler había leído con anterioridad la saga Xenogénesis y la saga de Semilla de la Tierra, y varias de las historias de esta colección me han evocado a las novelas de estas dos sagas. Son historias paralelas, pero emparentadas, y me quedo con la sensación que la autora quería explorar un poco más algunos de los aspectos que narra en las novelas. El relato que da nombre al libro, Hija de sangre, que ganó los premios Hugo y Nébula y Amnistía tienen de fondo la misma temática que la saga xenogénesis, el contacto de los humanos con una especie alienígena con la que no podemos combatir y con la que debemos compartir muchas sensaciones y experiencias. Aunque son diferentes en temática y estilo, ambas historias consiguen narrar la extrañeza y la ajenidad de las especies con las que nos hemos visto forzados como humanidad a relacionarnos, siempre desde un punto de vista de inferioridad. La primera es más visceral, la segunda más explicativa, pero las dos me han encantado.
Las otras dos historias que quiero destacar me han evocado a la saga de Semilla de la Tierra. En el caso de la primera, Sonidos del habla (ganadora también del Hugo), es por como narra la decadencia de la sociedad tal y como la conocemos. En este caso es un virus que afecta al sistema nervioso el que ha provocado la pérdida de la capacidad de comunicación hablada y escrita y, consecuentemente, la caída de la civilización. La comunicación se vuelve gestual, con poca profundidad de análisis y comprensión, y muy visceral, los supervivientes no pueden andarse con rodeos. En el caso de La tarde, la maña y la noche, es debido a que la protagonista padece una enfermedad extraña y muy perjudicial después de que sus progenitores hayan tomado un medicamento, como pasa con la hiperempatía de la protagonista de Semilla de la Tierra. Los aspectos científicos de la enfermedad y de su posible solución me han parecido fascinantes.

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