Descubrí la obra de Isabel del Río mediante la novela Madre, publicada en castellano por la editorial El transbordador. Me pareció una historia muy interesante, una mezcla de muchos géneros y de muchas ideas distintas. Lo que no veo en el bosque, su última novela publicada por Lee Runas, también coincide bastante con esta definición.
Es una novela breve y con una estructura basada en episodios muy cortos, de dos o tres páginas, lo que favorece que la lectura sea muy ágil. Es una historia bastante original y difícil de clasificar. Yo la definiría principalmente como una historia de terror, pero tiene dosis muy importantes de ciencia ficción y algunas gotitas de fantasía urbana. Incluso dentro del género de terror, encontraremos momentos y situaciones atribuibles a varios subgéneros. Por lo vista, a la autora no le gusta escribir historias que puedan encasillarse con facilidad.
La protagonista principal es Eloise, que no acaba de sentirse cómoda con la vida que lleva, y decide viajar, en contra de la opinión de su pareja, al pueblo donde nació su madre y del cual ella guarda muchos recuerdos de su infancia y de los veranos con su abuelo.
Lo que en un principio parece una historia de regreso al pasado pronto se transforma en otra cosa. El mundo donde vive Eloise no es como el nuestro, algo ha pasado que ha provocado que los humanos tengan que vivir en ciudades protegidas de lo que hay en el exterior. Los pocos que viven fuera de estas burbujas deben convivir con una naturaleza revolucionada, invasiva y peligrosa, así como con los espíritus de sus antepasados. No quiero contar mucho más de la trama.
Al principio el lector va algo despistado, pero es un efecto buscado. Me ha gustado como, poco a poco, la autora va desvelando los puntos importantes de la trama, utilizando flashbacks, puntos de vista diversos, giros de guion bien buscados y algún cliffhanger. Es una lectura que atrapa, con escenas de acción y tensión y algún momento terrorífico que deja mal cuerpo. La he devorado en un par de tardes.
Sin embargo, creo que la parte final queda demasiado abierta a interpretaciones y reconozco que me han quedado algunas dudas. Es el toque personal de la autora; ya me ocurrió algo parecido con Madre. Es un peaje que yo pago a gusto por lo que he ido disfrutando del viaje, pero puede que no todo el mundo esté de acuerdo con esta valoración.
Continuaremos pendientes de lo que publique Isabel del Río, tiene un estilo bastante original que seguiremos con atención.


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